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lunes, 24 de febrero de 2014

EL PRIMER BESO

ESTA ES LA HISTORIA CUANDO VEGETA Y BULMA SE CONOCIERON POR PRIMERA VEZ. ESPERO QUE TENGAN TIEMPO DE LEERLO Y LES GUSTE MUCHO. FELIZ DÍA !

Una vez de vuelta en la Tierra, Krillin, Yamcha, Ten y Vegeta no duraron en entrenar duro los siguientes días. Trunks llegó y su mensaje provoca una alerta de atención en ellos. Gracias a Goku, el malvado y terrible Frieza dejó de ser un peligro para el universo que días más tarde reapareció con su padre contraatacando a sus habitantes  ante la espera de su vencedor.

Trunks del futuro logra acabar con él y su amenazador padre antes que llegara Goku.

Los namekuseijin revivieron y encontraron un nuevo planeta donde vivir, gracias a las esferas del Dragón. Pero un terrible futuro se acerca.

Rara vez se sentía un clima relajado en la Tierra y libre de peligros, pero esta vez era necesario entrenar y prepararse duro porque los androides llegarían en sólo cinco años.

Bulma no duda en investigar más sobre el caso. Busca y lee artículos de divulgación científica del doctor Gero para elaborar planos sobre los androides del futuro.

-Qué raro- piensa dudosa- ¿Cómo puede ser que alguien como Gero sea capaz de elaborar semejantes máquinas con el fin de acabar con la humanidad? O.. ¿Se trata de algo más? Pensé que tenía buenas intenciones…-apoya su codo sobre sus planos- Es una lástima que no los use para la beneficencia humana. Sería un gran avance científico que una máquina como esas nos facilite la calidad de vida…Hmmmm. ¿Por qué deberían ser armas de fuego? –se queda mirando fijamente sus planos. Voltea y observa su gran artículo con el rostro de Gero sobre la pared- Es una lástima desperdiciar una buena oportunidad. Ojalá tuviera la misma inteligencia que tiene. –toma su café de la mesa y continúa con sus estudios-

Han pasado seis horas de la llegada de Trunks. Vegeta, ese ser orgulloso y fastidioso no deja de entrenar y poner al límite sus poderes. Su rencor al pensar que Goku está siempre un paso más que él, le provoca más furia.

-No importa cuánto me esfuerce, Kakarotto siempre tiene que estar más allá de mí. Ese terrícola de clase baja no debe superarme. Yo soy Vegeta, el príncipe de los saiyajins y nadie es superior a mi poder –camina y se dirige al centro de entrenamiento donde aumenta la gravedad cien veces más que su peso- Es hora.

Mientras tanto, Bulma decide tomarse un descanso. Se acuerda de Vegeta y siente curiosidad por él. Recuerda verlo parado contra el árbol, hundido en sus pensamientos. Ella quería invitarlo a comer con ellos, aunque debía reconocer que le parecía atractivo y quería tener su atención.

-¿Qué será de Vegeta? Hmmmm… No lo he vuelto a ver desde que ese extraño joven llegó con el mensaje que nos alertó a todos. Ni siquiera vino a comer con nosotros. Lo invité pero las circunstancias nos llevaron a otro destino. De todos modos me alegra que haya vuelto a tiempo. ¡Mira la hora que es! Debo subir y acostarme un rato. Suficiente por hoy… -suelta su cabello, deja sus instrumentos sobre el escritorio y sube por las escaleras-

Bulma llega su habitación, observa alrededor y no ve rostros de su padre o madre.

-Ya deben estar descansando –se acerca a la ventana para poder contemplar mejor la tormenta. -Observa una luz a la distancia- No puede ser Vegeta, ¿O sí? ¿Será necesario entrenar a estas horas de la noche? Iré afuera por si necesita algo. Debe tener frío y mucha hambre. –Toma su paraguas, unos abrigos y se dirige al centro de entrenamiento ubicada a unos metros de la Corporación Cápsula-
Vegeta permanece inmóvil bajo los escombros. Su duro entrenamiento con altos grados de gravedad, lo llevó al límite de su poder.

-¡Aggggh! ¡Debo continuar! No pararé hasta superar a Kakarotto…Ohh... ¿Quién se acerca? Que no venga a interrumpirme –espía- Es esta mujer de nuevo. ¿Por qué tiene que venirse con esta lluvia? ¿No ve que estoy ocupado? –intenta levantarse-

Vegeta no puede moverse. Está totalmente atrapado en los escombros y muy agotado a pesar de su entusiasmo. Bulma lo observa dolorido. Sin temor, se acerca y lo levanta para poder abrigarlo.

-¿Estás bien? Hmmmm… Te observé desde mi habitación -¿Por qué dije eso? (trata de calmarse)- y pensé que tal vez necesitarías de mi ayuda. ¿Quieres algo de comer? Toma mi abrigo.

-¿Qué haces aquí? –evita mirarla a los ojos- No necesito tu ayuda. Puedo solo.

Un fuerte relámpago se escucha cerca de ellos. La luz del mismo ilumina sus rostros.

Yamcha siente movimientos y los observa desde lo alto de las montañas. Intenta acercarse.

-¡Ja! Te dije que no iba a durar ni veinte veces más su peso.

-¡Yamcha! ¿Me seguiste?

-Se sonroja- Sentí movimientos y supuse que Vegeta no ha podido lograr superar cien veces más la gravedad. Quería comprobarlo. Ahora lo sé y me voy a descansar. Púar me debe estar esperando –Da media vuelta y se marcha- ¿Qué hace con Vegeta a esta hora? ¿Por qué intenta ayudarlo? No entiendo que ve en una persona cómo él.

Bulma lo ve irse. Se queda pensando en la reacción que tuvo y en instantes, observa que Vegeta la miraba, pero con una distinta a la que solía tener.

-(Aggggh… ¿Qué pienso? Esto es una ridiculez.) Mujer, vete ahora. No necesito de tu ayuda. Quiero entrenar.

-Me llamo Bulma para tu información. Primero déjame sacarte de allí, si no te molesta –lo observa para ver su reacción. Siente lástima por él-

- Como quieras, pero no me hagas perder más tiempo.

Observó que era muy insistente, por lo que dejó que la ayudara. De todos modos, necesitaba unas vendas sobre las rodillas. Por primera vez, experimenta algo que nunca antes había sentido. Al ver que vendaba sus brazos, vio a Bulma pálida y nerviosa.

-(No sé si deba preguntar) ¿Por qué sudas, mujer?

-¿Eh?...Yo estoy bien. Tengo un poco de calor.

Sus miradas se centraron. Vegeta estaba confuso y no comprendía tal sentimiento. En instantes, sus narices se rozaron. Ella cerró los ojos y se inclinó hacia atrás. Él se quedó observándola porque siente como un extraño hechizo en su alma, nunca antes experimentado.
Ya terminé. Perdón por robarte tu tiempo.
Vegeta se coloca de pie sin decir una palabra. Voltea y entra para continuar. Bulma entristece, pero al segundo sonríe al verlo mejor.

-Espera Vegeta –sale corriendo hacia él- No me has dicho si quieres algo de comer.

-Como quieras…Bulma.

Los ojos de ella se iluminaron al escuchar su nombre. Quiso dar un paso atrás pero el príncipe la detuvo.

-Cuando hayas terminado, constrúyeme un nuevo lugar en donde pueda entrenar.

La soltó, pero en ese instante volvió a caer. Seguía herido, pero esta vez se trataba de algún órgano interno.
Bulma se acerca a él y lo mira con ojos preocupantes. Estaba pálido, por el cual necesitaba sangre.
Busca una jeringa para extraerle sangre y tomar un análisis del mismo. Al llegar al laboratorio, concluye que tenían el mismo tipo de sangre, así que decidió donarle lo que necesitaba.
Lleva una camilla y los aparatos necesarios hasta el lugar donde se encontraba Vegeta. A pesar de la lluvia, hace lo posible por ayudarlo.

-Espero que sea suficiente –se toca la frente preocupada-

-¿Tú de nuevo? No necesitaba tu ayuda mujer. ¿Por qué me ayudas tanto?

-No lo sé. Ya me voy. –se siente apenada, baja la mirada y se retira-

Llega a las escaleras desconcertada y se resbala. Vegeta la mira, se quita la sonda y ve tras ella. La toma y observa sus brazos frágiles. Aprovecha el momento para observarla detenidamente.
Sus narices se rozan. Bulma abre los ojos asustada pero por distintas circunstancias lo olvida rápidamente.
Vegeta se acerca a ella y dulcemente roza sus labios, olvidando su orgullo y rencores.

-¿Y tú por qué me ayudas? –lo mira desconcertada-

Luego de mirarla tan vergonzosamente, se pone de pie y se dirige hacia adentro del lugar.

-Sólo avisa cuando hayas reparado este lugar. Continuaré mañana. Y… no abras la boca mañana porque juro que te arrepentirás –con una mirada extraña, se dirige a su habitación-

Bulma sonríe y camina hacia el laboratorio. Descubre que en ese saijayin hay más que orgullos y rencores.

-Se queda pensando- Lo sé Vegeta, yo también siento cosas por ti pero no admitirás que te gusto.-Lo besa en la mejilla-